Si mi mamá viviera, no hubiera escrito un diario. Si mi papá no se hubiera vuelto a casar, hubiera escrito más seguido. Si yo estuviera muerta, no habría nada y este diario estaría en las manos de otra tonta llorando su desahogo a su amigo imaginario.
Tengo dos años sin escribirte, pero podrás verificar en tus primeras páginas cómo pensaba que sería mi vida al llegar a mis dieciséis, iría al instituto y me graduaría con honores luego de participar en la olimpiada de Atenas, sería la primera cantonesa en ganar una medalla de oro en judo, aquí en Cantón el judo no es muy apreciado, es un deporte japonés, pero mi padre y Aiko estarían finalmente orgullosos. Esas eran mis expectativas en el año nuevo del 2000, cuando escribí en ti por primera vez. Dejé el judo hace dos años, cuando me descalificaron en la primera eliminatoria para la olimpiada que, por uso excesivo de la violencia, mi competidora me estaba poniendo una golpiza y era dos años mayor que yo, le gané bien, pero explícaselo a los dementes del comité olímpico de China. Había dos oportunidades más, pero Aiko dijo que era muy costoso y que sus hijos también merecían oportunidades, mi padre aceptó. Pensé que mi vida se acababa, yo quería seguir luchando por ese lugar, pero supongo que Aiko solo buscaba que las cosas fueran justas. Finalmente, el mundo no se me vino encima como en ese momento pensé, y hoy en mi cumpleaños, estoy bien. Ayer tuve competencia de box, me reconocieron como la mejor boxeadora menor de dieciséis en el condado de Dongguan, eso debe contar en algo, si bien, no estoy en Atenas ahora mismo, siempre puede haber un 2008 y ni más ni menos, un Beijing 2008, en box, que es mucho más competido que el judo, solamente tengo que ganarle a unas 5,000 competidoras más, pero los cursos los paga el gobierno.

No te había escrito en dos años, reconozco mi falta de carácter, pero no tenía ganas de escribir. Aparte de ser un día especial, tenía la necesidad de escribir porque estoy leyendo el libro al que me ha instado leer Peter, mi amigo americano de intercambio, ya que está haciendo un proyecto escolar acerca de él. Trata de un chico que intenta justificar un asesinato, ¿cómo se puede justificar matar a alguien?, ¿cómo justificaría yo a quien mató a mi abuela? Si se asesina por dinero, ¿está bien? La verdad es que no lo entiendo muy bien, para Peter, como buen norteamericano es fácil hablar de ello, dice que las armas son un derecho de la gente allá, que él tiene incluso una escopeta que le regaló su papá a los doce años. El personaje del libro piensa que si se hace con ello un bien a la humanidad, es correcto beneficiarse de un asesinato. Necesito digerirlo, ¿puede ser que quien mata a una puta de Dongguan haga un bien? Se compara un asesinato con las matanzas en las guerras, como las de Napoleón, o como los nazis, que justificaban sus crímenes por el bien del pueblo. Por ejemplo, aquí en los libros de historia se habla de la grandeza de Mao y del partido comunista, pero no de los muertos. Visto desde los libros de historia me parece una aberración, pero visto desde el punto de vista de Raskólnikov, el personaje del libro, me hace sentido y eso me asusta. El que una supuesta moralidad te dé derecho a terminar la vida de un ser humano suena horrible, pero, ¿por qué me hace tanto sentido? Si pudiera, por ejemplo, desaparecer a Hiro, el padrastro de Kim, que la obliga a prostituirse para seguir manteniendo el hogar luego de que encontraran a su mamá estrangulada, considerando lo leído, pienso que lo haría. La lógica de “Crimen y castigo” me hace sentido cuando se trata de alguien que ha matado a una persona inocente, como a mi abuela o a la mamá de Kim. Y aunque a mí nadie me ha violado, mi padre me ama, he encontrado un deporte donde me siento bien y creo que podría llegar a cumplir mi sueño olímpico, por alguna razón, me he quedado pensando demasiado en esto. He hablado con Peter de ello, él dice que si viviera en Texas sufriría menos por sentirme así. Te dejo, pero prometo regresar pronto, en unos días quizá, después de que se vaya Peter a América, como él le dice. No tengo muchos amigos con quien hablar y vendré a consolarme contigo seguramente. También sé que Aiko te leyó, pero ahora te esconderé mejor.
Te escribo pronto, querido diario.
Shui Li
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