—Increíble que creas que siempre te puedes salir con la tuya, tu padre trabaja largas jornadas, yo le ayudo todo el día y tú solo le ayudas a cerrar el puesto, ¡qué ingrata eres! —Aiko, ayudo todos los días en casa, me levanto a las 5:00 de la mañana a hacer desayuno a tus hijos… —Tus hermanos dirás, ni siquiera los incluyes, los haces menos y ellos te veneran como su hermana mayor, tu padre siempre preocupado por ti, y mis hijos en segundo término. —Mi padre los ama Aiko, y yo me hago cargo de ellos, sólo salgo al instituto y a las prácticas, no salgo con amigos. —Pero no pierdes oportunidad de deshonrar a tu padre con ese americano. —Peter es mi amigo, nunca he tenido novio ni me he besado con nadie, creo que soy la única de toda la escuela a la que han prometido en matrimonio y eso no significa que no pueda tener amigos. —¿Te atreves a levantarme la voz? ¿Después de todo lo que hago por ti? ¿Por esta familia? —Aiko… haré lo que me pides, pero hoy es el último día de clases, quiero pasar un rato con mis amigos —Dirás, amigo… —Iremos todos a la plaza después de clase, sólo será un rato. —Haz lo que te pido y no diré nada a tu padre. —Mi padre me ha dado permiso, pero debía tener el tuyo también, te agradezco Aiko, llegaré a tiempo para hacer lo que me pides y haré de cenar a los gemelos. —No demores.
Pensaba que Aiko sufría mucho por la muerte de mi madre y el abandono de su primer esposo y por eso era tan dura, desde que mi madre murió ella estuvo ahí para ayudar a mi padre en el funeral, mi madre había sido su mejor amiga y desde niñas eran inseparables. Cuando yo era pequeña, ella cuidaba de mi padre y de mí cuando mi madre estaba enferma, que era casi todo el tiempo. Luego nacieron sus gemelos y se separó un tiempo de la familia. Durante esa época mi madre tuvo mejor salud y los tres pasábamos el día en la tienda de telas de mi padre, nos divertíamos mucho, son los mejores recuerdos de mi infancia. Cuando mi madre enfermó de nuevo, Aiko ya había regresado a la familia, el hombre con el que se había ido desapareció, nunca se habló mucho del caso, sólo sabemos que ella sufría y mi madre siempre estaba consolándola, decía que era su hermana del alma, no pasaron muchos meses antes de que madre enfermara y un día, así como así, no despertó. Su vómito negro se transformó en una espuma blanca, blanca como su piel, traslúcida y firme, su cara de sufrimiento al morir quedo tatuada en mi memoria, como último recuerdo. La enterramos con su vestido de encajes blanco y una peineta de jade que ella atesoraba, pertenecía a mi abuela, de la que no se hablaba en la casa. Fue después que me enteré que mi abuela había sido una más de las prostitutas de Dongguan y había muerto asesinada, me lo dijo Aiko en un arranque de coraje, de esos que le daban cada vez con más frecuencia, decía que por eso era tan dura conmigo, porque quería llevarme por el buen camino y temía que fuera a resultar como mi abuela. Al morir mi madre, Aiko empezó a venir a casa a diario a preparar la comida y hacer compañía a mi padre en la tienda, junto con los gemelos y yo. Al tiempo se casaron, yo estaba en la escuela, me tocaba atender a los gemelos y llevarlos a sus clases, hubo cierta funcionalidad en la familia. Cuando cumplí doce años, Aiko convenció a mi padre de prometerme con un hijo de la familia Hu, una familia adinerada que a veces hacía préstamos a mi padre. Prometer en matrimonio a los hijos ya no es común en Cantón, pero Aiko decía que esas buenas costumbres mantenían la fibra social, que tan desgastada estaba en Dongguan por la prostitución y el libertinaje. Mi padre aceptó este acuerdo, la señora Hu era buena amiga de la juventud de mi madre y de Aiko, eso habrá ayudado, supongo. Cierto día llegaron a la casa los papas de Xian Hu, mi prometido, que tenía dieciséis en ese tiempo, la visita era para que nos conociéramos y que se cerrara el pacto de matrimonio con mi padre. Cuando yo cumpliera los diecisiete nos casaríamos, Xian Hu no era feo, sólo un poco raro y callado; es el menor de los tres hijos del señor Hu, era un poco gordo, pero no era feo.
Luego de que Aiko se fue al puesto de telas, la mañana se dio sin contra tiempos, serví desayuno a los gemelos, los dejé en la escuela y me fui a clases. Peter me estaba esperando a la entrada del instituto, tenía una caja de twinkies para el desayuno, un desayuno americano, decía él. Los comimos debajo de un eucalipto mientras Peter me platicaba de la película que había visto la noche anterior: True romance.
—Te digo que hay casos donde lo que hablamos es real, toma el caso del chulo de Alabama, no podía quedar vivo para que la historia siguiera, era un delito sí, pero era un delito moralmente correcto. —Ja, eso no existe Peter, el delito moral es una cosa que se inventaron tú, Raskólnikov y los infames ingleses que exterminaban indios en tu tierra. —A ti no te parece del todo mal. —Pero me aterra que lo sienta correcto, he sido entrenada en artes marciales desde los 4 años, la violencia no es para hacer daño. —Pero si es para defender, entonces es correcto usarla para defender a alguien. —Ya te dije que no soy el señor Miyagi y no seré tu sicaria, debes ser amable y no andar por ahí causando problemas. —Me burlaba de ti —Y me encargué de eso, y mira ahora cómo me vas a extrañar cuando no puedas vivir sin mí en San Antonio. —Vamos tarde a clase, muévete Bruce Lee que es mi último día y no quiero dejar un mal precedente. —El que tiene un trasero gordo eres tú, señor super size, corre.

Unas nubes se formaron esa mañana en Dongguan, el cielo se oscureció de forma brusca, violenta podría decir. Al terminar la clase de historia se iban escuchando algunos truenos, cada que tronaba, algún payaso hacía un ruido en clase o algún cerdo simulaba una flatulencia. Al salir de clase estaba lloviendo a cántaros y como habíamos quedado, habríamos de ir a la plaza, ya nos habíamos empapado así que nadie se preocupó por traer plásticos para taparse. Cuando llegamos ahí, la lluvia se había acentuado y la mayoría se fue a casa. Quedamos algunos bajo el kiosko del parque viendo el cielo caerse a cántaros. Hablamos un rato, los que quedaban vivían del lado del río al que quedaba la escuela, todos excepto yo. Esperamos que pasara la lluvia porque el puente estaba cerrado. La lluvia no paraba, así pasamos algunas horas.
—Qué vas de que esto no es mas que la naturaleza diciéndote que te quedes a vivir en Dongguan. —Qué vas de que esto no es que mas que la naturaleza diciéndote que Dongguan apesta y que debes moverte a Texas. —Eh, el tiempo dirá. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de Cantón? — ¿Aparte de la cantidad de prostitutas? —Obvio, ¡cerdo! —Pues que viven en el medievo, el que estés prometida a un tipo mayor que ni conoces, por ejemplo. —A veces me sorprendo yo misma, cuando escucho a los grandes hablar del pasado y luego analizando los tiempos en que vivimos, me tranquiliza saber que no tengo que vivir las inclemencias del amor o que no tendré que recorrer las fábricas buscando trabajo como lo hacen los universitarios recién graduados, me casaré y tendré responsabilidades, eso es todo. Mi padre ha hablado con la familia Hu, y si estoy en posibilidades de ir a la olimpiada, estará bien que no me embarace hasta entonces. —¿Pero te estás escuchando? Es lo más arcaico que he escuchado en toda mi vida, y eso que vivo en Texas. Tú no eres la clásica niña de pueblo, sabes kung fu. —Judo y box. —¡Eso! Además, sabes cosas, lees, ¿y si te aburres con el gordito ese? ¿Qué vas a hacer? —No lo sé, pero no me cae mal, es amable, aunque lo he visto pocas veces, dicen que es aplicado en la escuela y que es muy tranquilo y trabajador, no estoy preocupada. —Locos están los chinos de Cantón. Tengo un disco nuevo, lo compré ayer, ¿lo escuchamos?, es un grupo nuevo, te va a gustar, se llama MY CHEMICAL ROMANCE, escucha…
Mientras tanto, no paraba de llover y yo no podía dejar de pensar en mi compromiso con Aiko, y si bien suponía entendería que estaba cerrado el puente, con ella nunca se sabía. Jamás hubiera imaginado que, en una de las ventanas frente al parque, desde uno de los apartamentos de lujo, estaba viéndonos y tomándonos fotos. En esos apartamentos de lujo vivía una de sus amigas de dinero, prima del señor Hu, y precisamente se habían juntado para hablar de mí y de mi futuro, o en retrospectiva, para espiarme.
Las horas pasaron y ríos de agua pasaban por las calles, los relámpagos y las centellas no permitieron que viera que la noche había llegado y mi plática con Peter, la última, me mantenía el hueco en el estómago en orden, evitando así que vomitara del nervio. Había poco que hacer, era imposible ir a casa hasta que todo pasara, por un momento decidí dejarme llevar, olvidar mis obligaciones, mi deber familiar, el futuro de mi padre, los gemelos, de Aiko y curiosamente, no me preguntaba en ese momento acerca del mío, como si no existieran posibilidades.

Minutos después, Peter cambió el disco que escuchábamos a un mixto de David Bowie, escuchamos en silencio hasta que perdimos el conocimiento, entré en un sueño, o al menos así lo recuerdo, profundo y plácido. Desperté en la madrugada y la tormenta había pasado, había gente en el parque que nos observaba, todavía traían impermeables y botas de hule, algunos tenían bolsas de plástico cubriendo sus zapatos, barrían o recogían escombro, pero todos nos veían. Estaba clareando y sonaban algunos pájaros, a pesar de que había quietud, un vacío se fue formando en mi estómago de manera vertiginosa, explosiva. Pegué un salto —¡Peter! Me matará Aiko, debo irme. —¿Qué dices?, vámonos, tranquila, te acompaño, es muy fácil de explicar, no había manera de salir de aquí anoche. —¡No!, vete a la casa de tus mentores, yo iré a la mía, luego te buscaré, antes de que te vayas. —¿Cómo crees?, claro que no. —Adiós.
Corrí a toda velocidad, la verdad, aunque no hubiera estado el suelo mojado, Peter no tenía posibilidad alguna de alcanzarme, corrí sin descanso hasta llegar a casa. Al llegar pude ver a mi padre en la puerta, su semblante no era de enojo sino de miedo, llegué corriendo y le abracé. —¿Dónde estabas hija? Te he esperado toda la noche, ¿con quién estabas? —Estaba con los amigos del instituto papá, nos alcanzó la lluvia y nos quedamos en el kiosko cercano a la escuela, el puente estaba cerrado, pensábamos que nunca pararía de llover, fue sorpresiva, ni siquiera estaba en los reportes meteorológicos. Mi padre me observó con dureza, esa mirada quedaría indeleble en mi memoria. —¿Con quién dices que estabas? —Con los compañeros de clase, te comenté y tú me diste permiso, también Aiko me dio el suyo. Aiko salió tras la puerta, nunca había visto la verdadera crueldad en sus ojos, lo que antes veía en ellos y en ese entonces no alcanzaba a discernir, era vil y llana falsedad. —¿Estás segura de que estabas ahí? ¿Con compañeros de clase? —Aiko, discúlpame por favor, he fallado a tu encargo, pero sólo porque la lluvia no me permitió salir hasta este momento. En ese momento mi padre agachó la mirada y se metió a la casa. Pasaron unos segundos y pude ver claramente como se agudizaba el odio en la mirada de Aiko. —Eres una puta mentirosa, siempre supe que tenías la sangre de tu abuela prostituta, se lo he dicho a tu padre por años, ahora con tu comportamiento le has traído vergüenza y deshonra. Mira con tus propios ojos, aquí está la foto donde con estás abrazada con el americano ese, ¡lo sabía!, y así es como finalmente acabas con la esperanza de tu padre, en la tarde vendrá el señor Hu a deshacer el compromiso que tenía a tu padre apenas por encima de la bancarrota. Toda la colonia sabe que no eres mas que una puta más, otra puta en Dongguan.
Las lágrimas me habían empezado a brotar involuntariamente desde que mi padre agachó la mirada, pero después un odio fulgurante se originó en mi estómago, dirigido hacia Aiko, ella había tomado las fotos con su cámara, era su cámara, ella había torcido todo, ella había manipulado todo, hubiera querido decirle algo, pero no lograba formular ni una palabra, me quedé pasmada, viéndole a los ojos. Podía ver su gozo, un placer anidado en lo que ahora sabía era un corazón negro y podrido. Luego di la media vuelta y me dirigí a mi cuarto, las lágrimas no cesaban, recordaba con dolor la mueca de mi padre y quería hacerle daño a Aiko, la hubiera podido matar.
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