Para esa tarde no había más lágrimas, aunque sentía ganas de llorar, no podía hacerlo más. Luego me había quedado dormida y solamente escuchaba los pasos de los gemelos que gritaban a sus anchas y corrían. Entró Aiko a mi recámara sin tocar la puerta y me dijo que me cambiara, me dio un vestido que había sido de mi madre y salió de forma intempestiva. Me di un baño y me arreglé, cuando bajé estaba el señor Hu sentado en la pequeña sala en la entrada del vestíbulo, adornada con los viejos muebles que mi abuela paterna había heredado a mi padre, vestigios de una vida mejor. Eran de terciopelo rojo y en la parte de atrás lucían el símbolo del partido comunista. Sobre la mesa de centro estaba el conjunto de té de jade de mi madre, ese que atesoraba tanto y que decía había sido el orgullo de mi abuela, mi abuela prostituta. En cuanto me senté, mi padre, sin voltearme a ver se disculpó con el señor Hu, porque, y estas fueron sus palabras: “Mi hija Shui Li ha deshonrado a tu hijo Xian Hu, y por ende a tu estirpe. De acuerdo con las reglas sociales, te absuelvo de nuestro compromiso y quedo a tus órdenes, como tu ciervo y subordinado.” El señor Hu no estaba precisamente enojado, más bien tenía un aspecto de tristeza. —Shui Li es una deportista de élite, que me hubiera dado nietos fuertes y valientes, contrarrestando las carencias de mi hijo, pero ante tal afrenta, como mencionas, no podremos continuar con el compromiso. Eres un hombre cabal y tu familia no quedará desamparada, trabajarás para mí hasta que me pagues tus deudas y luego, el tiempo dirá.
No lograba leer la expresión de Aiko, era todo lo que me importaba en ese momento, ver a la serpiente en acción, estaba pasiva, servía el té con la mirada baja, mientras lucía un vestido nuevo de seda. Parecía un robot, sus movimientos mecanizados eran prueba de su falsedad, ¿con quién he crecido todos estos años? Una duda terrible me asaltó en ese momento, ¿sería capaz? Y si… No tenía sentido, ella y mamá eran las mejores amigas, crecieron juntas, qué podría ella ganar de algo tan terrible. Acababa de cumplir dieciséis años, ¿cómo podría esconder de mi rostro mis sentimientos? —Shui Li, no se te ven muestras de arrepentimiento, creo que esto ha sido una bendición para mi familia, veo que has heredado… Comentó el señor Hu, al mismo tiempo que una mirada minúscula se daba entre él y Aiko, esa arpía era capaz de hacer lo que estaba pensando, mi mirada de odio se agudizó por un momento, hasta que voltee a ver a mi padre, que me observaba horrorizado. —Shui Li, déjanos con el señor Hu, has hecho suficiente. —Pero papá es que no… No me salieron más palabras, mi conmoción, mi odio, mi sorpresa, todo al mismo tiempo, de nuevo me pasmé. Me levanté y regresé a mi cuarto, no recuerdo mucho más, era como si en ese momento me hubiera convertido en un fantasma, que vagaba de un lugar a otro.
—Señor Hu, lamento mucho este golpe, tanto para su familia como para la mía, le garantizo que trabajaré para limpiar esta afrenta entre nuestras familias, hasta el último día de mi vida. Fue lo último que escuché, un rato después escuché al Señor Hu partir, no escuché nada hasta el día siguiente.
Afuera de mi habitación estaba el libro de Crimen y castigo en inglés y un DVD de KILL BILL Vol.1. Los gemelos pasaron corriendo, diciendo “te lo dejó tu novio Shui Li”.
En el sótano de su trastienda, mi padre debatía con Aiko. —Bo, querido, decenas de nuestros coterráneos han pasado, hecho, mejor dicho, una nueva vida en Mexicali. —Mi hija es un dragón, es un dragón de tierra que abrirá el paso a una generación de cantoneses, así lo predijeron Ming Li y su madre, se referían a Shui Li, no debe ser de otra manera. —Yo amaba a Ming Li y Jing Li no sólo fue su madre, también me crio a mí, no lo olvides, yo también perdí a mi familia cuando murieron. También sufrí cuando Jing Li tuvo que… También viví el momento en que la desgracia llegó, tú sabes lo que pasó. Lamentablemente, lo que ellas soñaron no pasará en Dongguan, ni en Cantón, donde la sociedad es tan, cerrada. Lo único que logrará tu hija aquí es que un día su amiga Kim se la lleve a trabajar, y tendremos otra vez esa vergüenza encima. Además, ¿quién querrá casarse con ella?, para la familia Hu la naturaleza violenta de tu hija era bien recibida, su hijo es un afeminado, además, la estirpe de Jing Li, aún manchada, sigue pesando en Cantón. Después de lo ocurrido, ¿crees que alguien la tomará como esposa?, ¿cuánto tiempo hasta que termine en una fábrica?, ¿cuánto tiempo hasta que golpee a un supervisor que le trate mal? Tú sabes lo que le pasará si llama la atención del gobierno, del ejército. — Pero en Mexicali, La Cofradía hace lo mismo que el ejército. —No llores Bo Guo, sabes que cuenta con la protección de los Hu, ¡que dejes el llanto digo! Será bien recibida… y si, su destino es ese, lo mismo será aquí que allá, pero allá al menos tendrá la oportunidad de empezar de cero. Tu dragón ha muerto para Cantón. —Han pasado cuarenta años desde el desafío de la viuda Jing Li, tu padre estuvo ahí, le juraste a Ming Li, le juramos juntos… Jing Li no supo aprovechar la oportunidad que tenía, Ming Li era débil, Shui Li está marcada, acepta el destino que te forjaste al casarte la primera vez. —No sé qué haría sin ti, no sé que haré sin Shui Li.
Pasaron varios días en los que nadie me dirigía la palabra, supe por lo que escuchaba tras las paredes que mi padre había entregado su negocio al señor Hu y ahora trabajaba para él, se iba temprano y regresaba tarde. Aiko arreglaba la casa y se llevaba a los gemelos por las mañanas, ni siquiera me pedía que lavara ropa o atendiera a sus hijos. Una semana después, salí de la casa al quedarme sola y me percaté que todos en el vecindario me veían, pero nadie me hablaba, cuchicheaban, pero no me dirigían el saludo. Kim fue la única que se me acercó, claro, la puta, todavía veía en ella a mi amiga de la infancia, pero no era ni la sombra de aquella niña. —No debes temer lo que viene Shui Li, no has hecho nada malo, muchos te vieron, pero las cosas en Cantón no cambian, seguimos siendo un pueblo bárbaro. Regresa a tus entrenamientos y súmete en tus cosas, todo pasará. En ese momento mi mente y cuerpo vibraron de necesidad, fui por mis guantes y ropa deportiva y salí de la casa. Entrené los días subsecuentes a diario, en el gimnasio me hablaban poco, pero los entrenadores me seguían dejando entrenar, así pasaron algunos días hasta que la entrenadora me pidió ir a su oficina. Como era de esperar de una exboxeadora olímpica, su medalla de bronce en la olimpiada de 1988 relucía en el centro de su anaquel tras su escritorio, junto con muchos trofeos. —Tu padre dejó de pagar tu entrenamiento hace varias semanas Shui Li, te puedo seguir entrenando porque yo no te voy a hacer a un lado, pero debes entender, que en los torneos subsecuentes no podrás participar, el gobierno no ha tomado tu carta aún y para hacerlo se requiere la firma de tus padres, ayer hablé con Aiko y me dijo que no firmarán. Me enojé, me enojé mucho, los siguientes días salía de la casa a las 8:00 AM y regresaba a las 4:00 PM, como si me preparara para la olimpiada. Dejé ir libre a mi ira en el boxeo, durante las prácticas de sparring noqueé a una candidata olímpica mayor que yo, de nuevo la entrenadora me pidió que fuera a su oficina. —Pero ¿qué te pasa a ti? Dije que podías seguir entrenando, pero si no vas a competir de nada me sirves, y por más buena que te creas, de nada sirve noquear a tus compañeras en una sesión de sparring, no sé qué te ha pasado en casa ni me importa, pero si no te controlas tendré que cerrarte las puertas, estás aquí por la promesa de lo que puedes ser, pero por el momento no me agregas ningún valor, ¿te queda claro? Asentí maquinalmente, di las gracias con toda la hipocresía de la que era capaz y regresé a entrenar. No pasaron dos días y ya me habían echado del gimnasio, hice sparring con una ex peleadora profesional y después de haber recibido una combinación, de un gancho izquierdo me mandó a la lona, cambié mi guardia a izquierda, ella pensaba que era derecha porque así había entrenado el último año, cayó fulminada con un gancho al hígado. No entrené más.

Recuerdo llegar a casa, pero de nuevo no recuerdo haber visto ni oído nada en el trayecto, iba cegada de coraje, lágrimas salían de mis ojos, ya no había tristeza, quería ver el mundo arder. Todo cambió cuando al llegar vi a mi padre sentado en una silla afuera de la casa, sus ojos estaban rojos de haber llorado, sostenía una pintura a tinta de un dragón, la pintura que mi abuela materna, la puta, le regaló a mi madre el día en que nací. No me había percatado de que era domingo, por eso mi padre estaba en casa, antes los domingos hacía las cuentas del negocio en la mesa de la cocina, ya no hacía cuentas porque ahora tenía un empleo, y yo era la culpable. Sus ojos me trajeron de inmediato al presente, como un shock eléctrico, me paré y le observé unos segundos, su mirada al suelo me decía que algo más había pasado. —Hija, cámbiate y come, tenemos que hablar contigo. Aiko esperaba sentada en la sala, limpiando el preciado juego de té de jade de mi madre, llegué a la habitación, de nuevo, temblando de furia. Después de darme un baño y ponerme ropa limpia me senté en la sala y esperé a que mi destino se volcara en mí.
—Hija, las cosas aquí no pintan bien para ti. —Pero ¿qué crees que hice papá?, no hice nada, los compañeros se fueron, no podía venir, no hice nada. —La decisión es final, tengo un primo segundo. —¿De qué hablas papá? —Tengo un primo en México, hay una asociación que ayuda a chinos en el exilio, hemos decidido… —¿Quiénes? Tú eres mi padre, solo tú. —Aiko te ama como si fueras su hija, debes entender, te irás a México a comenzar de nuevo. —¿Qué? ¿Y mis estudios? ¿Y mis amigos? ¿Y mi vida? —Después de lo que ha pasado con los Hu, tu vida será otra, ni siquiera en los deportes podemos augurarte el favor del partido comunista, recuerda que el tío del señor Hu es el patriarca del partido aquí en Cantón, para ellos ha sido una afrenta muy grave. —¡No hi-ce naa-daa! — ¡Calla! No sigas lastimando a tu padre, dijo Aiko. —Desafortunadamente eso es lo que menos importa hija, solo velamos por tu bien. —¿Quiénes? Tú eres mi padre.
La mirada de Aiko estuvo en blanco durante toda la plática, parada estoicamente detrás de mi padre. Pero en un último segundo, en el que la comisura de sus labios se torció y pude ver unos ojos llenos de odio, supe cuál era la respuesta a mis preguntas, tendría que probarlo, debía probar que ella había matado a mi madre, de alguna forma. En eso, como un impacto en un diapasón, mi cerebro vibró de nuevo, México había dicho, ¿quién vive en México?
—Soy tu hija, ¿cómo puedes? —Tu padre se está enfermando por esta decisión y es la única forma de salvaguardar su honor y de que los gemelos tengan acceso a una vida mejor, ¿es que solo piensas en ti?
De nuevo callé, callé porque no supe qué decir, de nuevo, me pasmé.
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