Siempre fue parte de mi vida la pintura del dragón en tinta. Me decía mi padre que al ser un dragón de tierra tendría una función importante en mi entorno, y que representaría a China en el mundo. De niña soñaba con tatuarme un dragón en la espalda o en el cuello. Cuando Mei Lian me envió con Xiang la tarjeta del dragón asumí que era para que supiera que sabía mi fecha de nacimiento, que sabía más de mí. Mientras estuve en la cocina en mis primeros meses un cocinero me platicó la leyenda de un dragón que fundaría el nuevo Cantón en las faldas del desierto, sobre las ruinas del primer intento, que regeneraría la tierra, luego, bromeando que era yo, me mandó a lavar los vegetales y librarlos de la tierra, el muy cabrón. Tiempo después supe que esto era parte de las leyendas chinas de la ciudad, ya que se había encontrado esto escrito en un documento, dejado en algo así como una cámara del tiempo en la que un hombre, de los primeros pobladores, uno que había sobrevivido las muertes del chinero y vivido sus últimos 20 años bajo los subterráneos de La Chinesca había dejado para sus descendientes. En Cantón, somos un pueblo que vive en la barbarie, pero come de las putas, no de la guerra, decían en Dongguan.
Al paso de las semanas pasaba de 6:00 PM a 11:00 PM en el gimnasio de Mei Lian. Ella estaba algunos días, me dejaba un listado de tareas por cumplir, entre las que estaban llenar de agua los bebederos, lavar los pisos y dejar limpio el gimnasio para la mañana siguiente, se habrá creído que yo era Daniel-san, ni siquiera bromeé con ello, no creo que Mei Lian hubiera visto Karate kid. Hacía hasta 3 horas de pelea y práctica de wing chun. El wing chun no era tan parecido al judo como pensaba, requiere, además de la flexibilidad del yoga, la velocidad y fuerza del box, consiste en utilizar la fuerza de tu contrincante en su contra, muy de mujeres la cosa, de hecho, es la única arte marcial inventada por una mujer.

Llegó mi cumpleaños 17 sin fanfarrias, en un año ya había estado al borde de la muerte un par de veces, salido de casa, cambiado de continente, convertido en esclava, aprendido español y endurecido mi cuerpo como no lo había hecho en mis previas preparaciones. Recibí un pastel de dulce en el Nuevo Cantón de parte de Juan Lee y una cadena para mi muñeca con el hanzi del dragón de Mei Lian. Al llegar la tarde, cuando llegué al gimnasio se apareció Mei Lian de forma sorpresiva, sin haber entrado por la puerta principal, que hacía sonar un conjunto de campanas al abrirse, ello implicaba que el gimnasio estaba unido al sistema de subterráneos de la comunidad china, algo que desconocía. —No quería que llegara el día, Shui Li, me has sorprendido gratamente en tus entrenamientos, después de todo, “trasero gordo” puede pelear. «¿Trasero gordo?, ¿trasero gordo? ¿qué se cree?» —Dime Mei Lian, repliqué con sequedad mientras bajaba la cabeza, como lo hacían todas las mujeres cuando le hablaban. —Tendrás que ofrecer un servicio a un cliente de La Cofradía, deberás tener relaciones con él. Sabía que de eso se trataba, pero al no haber pasado nada en tanto tiempo y sin saber para qué entrenaba tanto, me hice otras ideas, claro, era estúpida. Me había llegado la hora, sabía que las chicas lo hacían, pero pensé que, por ser menor, pensé, «sigue pensando pendeja», me repetí yo misma. —Es tu primer trabajo, sé que no eres virgen, pero el hombre espera toparse con una virgen así que no es necesario que sepas hacer nada, y probablemente no pida pruebas, eres deportista y eso lo explicará. —Pero… —Estás bajo la protección de la cofradía, no pasa nada. Deberás seducirle, irán a un hotel aquí en La Chinesca, él estará en un bar a dos cuadras. Hablarás con él y te comportarás de forma sugestiva, cuando te invite a tener sexo, aceptarás y te deberás asegurar que el crea que te gusta, es posible que sea rudo y te lastime. —No me dejaré lastimar. —Harás lo que yo te pida, te guste o no. El hombre se llama Ramiro Salido, tiene 52 años y esta es su foto, tómala. Ha pagado buen dinero a La Cofradía para acostarse contigo, ¿qué pensabas, que eras especial? En tu estado, o sirves a La Cofradía o no existes. —Está bien Mei Lian. —Ganarás dinero, 50 dólares por tu primer trabajo, si sale bien podrás ir luego ganando más. —¿Cuánto cobra por mí La Cofradía? —Ja, ja, la pregunta de toda prostituta, créeme, violar a una china, virgen y menor de edad no es barato.
“Violar a una virgen menor de edad no es barato”, hijos de puta.
Llegué al bar, se llamaba “El gato pardo” era un bar viejo de los años sesenta, había prostitutas muy mayorcitas y trasvestis, estaba sucio y medio vacío. Un hombre se me acercó al llegar y me dijo: “tú debes ser la chinita” —Y ¿tú qué crees pendejo?, contesté. —No se enoje chinita, que la paso para atrás antes de dársela al viejo, cabrona… ven, te espera tu… cliente.
Ramiro Salido era el líder de la cámara de comercio local, según supe después, gustaba de pagar prostitutas de noche, pero de día manejaba una de las redes de contrabando de autos de americanos más grande de México, clonaban placas mexicanas y cruzaban los autos por la garita, conducidos por americanos, luego los vendían en el sur del país, daba su mochada al general del ejército y al secretario de comunicaciones y transportes en la ciudad de México, sin contar al gobernador del estado. Además, tenía locales comerciales con permisos de licor y prostitución, aunque esta última era ilegal, en México lo único ilegal es lo que no paga moche. —Esmeralda, qué bueno que llegas, pensé que no tendría hoy el gusto. Mientras me sentaba me tomó por el trasero de una forma grotesca metiendo el dedo en la raya de mis nalgas por afuera del vestido, todavía no me sentaba y ya lo quería matar. —Hola señor, gracias, ¿cómo se llama usted? —Ejem, yo pensé que te habían enseñado a no hacer preguntas, pero, empecemos bien, llámame Ram, y no me digas señor, hoy seremos mejores amigos. De nuevo ponía sus asquerosas manos en mi cuerpo, pasando sus dedos por encima de mis pezones me hacía saber que estaba con él de renta, y la renta es propiedad temporal. Durante el rato que estuvimos ahí me platicó acerca de la ciudad y cómo se había fundado el centro, otra variante de la historia que contaban los chinos en las cocinas, así como del poder del que él gozaba en la ciudad y en el gobierno. Supe que tenía tres exesposas y una cuarta actual y que en total tenía 10 hijos, vaya ficha. Trató de darme tres o cuatro bebidas con dios sabe qué, hice como que las tomaba y salimos de ahí cuarenta minutos después. Entramos al callejón. —¿Hacia dónde vamos? pregunté. —Vamos a hacerte mujer, niña, el hotel Camila debe acogernos bastante bien, si no, podemos empezar aquí. Supongo que alcanzó a ver mi expresión de asco, porque se paró de improviso. —¿No te gusta la idea, chinita? —Lo que tú quieras… Ram. —Chamaca pendeja, la noche empieza aquí. Acto seguido se bajó el pantalón me tomó por los hombros esperando que le hiciera una felación ahí mismo, en el puto callejón, ¡en el puto callejón! Con asco bajé y tomé su pene flácido con mi boca, el olor a orines era fétido, asumo que era diabético o estaba enfermo, con torpeza comencé a mover mi cabeza mientras tenía la masa de carne esa en mi boca. —En efecto, no sabes mamar la verga, no me mintieron, eres virgen, dijo el cerdo con una carcajada. Acto seguido me empujó y se subió el pantalón, satisfecho. En eso sonó su teléfono celular. —¿Qué chingados quieres? Estoy en una cita de negocios. ¿Qué? Y como pasó eso, ¿quién se ha enterado? Dile al presidente que le pagaremos hasta el último centavo, dile que tenemos todo su dinero, que no se preocupe… Obvio que no lo tenemos estúpido, pero gana tiempo… Okay, termino… mi… cita… y voy. Apagó el celular con una mueca llena de odio. —No te estrenarás en el amor chinita, pero si te voy a culear, no vaya a ser que no conozcas la verga en tu vida, dijo al esbozar una especie de risa. Me tomó por la espalda, yo lo permití, me subió el vestido, mientras se aseguraba que nadie venía, la calle estaba obscura, una luz al final del callejón habría permitido a alguien vernos como dos sombras, un degenerado con su trasvesti, pensarían. Me embistió con fuerza, mi vagina no lubricaba y me dolió mucho, había pensado que no lo paraba, pero el asqueroso logró sacar sangre de algún lado para que su excusa de pene tomara una erección, luego de un rato que se me hizo interminable, durante el cual el asco y la repulsión no me permitían hacer un sonido, unas manos me tomaron por el cuello: el hijo de puta quería estrangularme.

Tomé con una mano sus testículos y los apreté, me soltó del cuello, pero me tomó del pelo. —China pendeja, aquí quedas, de todos modos, no ibas a amanecer. Acto seguido me acerqué más a su axila y con mis dedos presioné su cuello, me soltó, después golpeé con mi pie su pecho, a la altura del corazón, se desmayó, pude correr… pero no lo hice. Le tomé de la cabeza y lo estrellé contra el pavimento varias veces, demasiadas quizá, después presioné su tráquea con mis dedos en dos puntos, tardó tres o cuatro minutos en morir. «Raskólnikov imbécil, un hacha ensucia demasiado». Lo llevé rodando hasta una alcantarilla, de alguna manera logré abrirla y lo rodé hacia abajo, quedaron sus pies a la altura del alcantarillado, lo cerré y me fui.
Regresé al gimnasio de Mei Lian, no me pensaba quedar ahí, asumí que cuando se dieran cuenta me sentenciarían, pero no sabía qué hacer, y es que La Cofradía funciona como una corte marcial. «Soy un jodido desastre», pensé. No sirvo ni de puta, además, al menos cinco personas me vieron salir con él, si no me mataba La Cofradía, me meterían a la cárcel, y a mí, una china sin papeles a la que le irá lindo en una cárcel mexicana, sin refrigeración, en este infierno. ¿Cómo llegué aquí? No sentía el menor remordimiento porque el cerdo ese merecía morir y el mundo era un mejor lugar sin él, pero igual que el personaje de Dostoyevsky, lo había hecho todo mal. Me habían visto salir, no planifiqué nada, no era Napoleón, ni Hitler, no era una revolucionaria que obraba a bien por la sociedad, era una china muerta, violada, con sabor a orines en la boca y según mi mentora y próximo verdugo, gorda… ¿gorda? ¿Qué se cree?






